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Esta manifestación ha tenido siempre un significado muy especial
para la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria. Constituye una
muestra pública de nuestras ansias de paz y nos hace recordar la
figura de Gandhi y su enseñanza universal de que la defensa de
cualquier idea ha de demostrarse también en el camino. Los que
estamos aquí somos ciudadanos y ciudadanas de todo tipo y condición.
Nuestras ideas y proyectos son diferentes e, incluso, opuestos. Sin embargo,
lo que tenemos en común es la convicción de que todas esas
ideas y proyectos deben ser defendidos por caminos pacíficos y
democráticos.
Por otra parte, la manifestación de hoy alcanza para todos y todas
una relevancia muy singular: Gesto por la Paz cumple el décimo
año de su existencia. En este aniversario, queremos manifestar
todos juntos nuestro sentimiento de esperanza. De aquellas tímidas
concentraciones de hace diez años, hemos pasado a ser un clamor
ciudadano en contra de la violencia. Euskal Herria ha sabido hacer que
ese clamor sea pacífico, tolerante, sereno y cívico. No
aceptamos que se asesine, se extorsione y se cause terror en nuestro nombre.
Estas gravísimas expresiones de intransigencia han hecho ver a
la mayor parte de la sociedad vasca lo que no quiere para su pueblo y
que sólo el respeto y la tolerancia son cimientos válidos
para la paz. Precisamente, la tolerancia es nuestro lema para este año
significativo. Sólo una tolerancia activa y crítica, basada
en actitudes constructivas, puede convertir a las diferencias en fuente
de enriquecimiento y no de crispación y de enfrentamientos estériles.
Sin embargo, no podemos olvidar que la cara desgraciada de nuestro aniversario
es, sin lugar a dudas, la pervivencia de los métodos violentos
en nuestra sociedad. Tenemos la obligación de recordar a las 17
personas asesinadas el pasado año y de hacer llegar, desde aquí,
un reiterado mensaje de solidaridad a sus familiares y amigos. Tampoco
podemos dejar de denunciar que se han confirmado las peores sospechas
sobre las actividades delictivas del terrorismo de Estado. Y, por supuesto,
la presencia, aquí, de nuestra gran bandera azul de libertad deja
patente que seguimos exigiendo la inmediata e incondicional liberación
de José María Aldaia y José Antonio Ortega.
A pesar de todas estas muestras de intransigencia, debemos manifestar
con toda claridad nuestra convicción firme de que la paz es posible
y de que la violencia puede y debe ser superada.
La paz es posible porque la inmensa mayoría del pueblo vasco la
exige y la necesita.
La paz es posible, si exigimos el abandono de los métodos violentos
a quienes tratan de suplantar la voluntad del pueblo vasco por medio del
terror.
La paz es posible, si exigimos la plena colaboración de todas las
instancias judiciales, políticas y policiales en el esclarecimiento
de los crímenes de los GAL, para que se haga justicia.
La paz es posible, si exigimos a nuestros representantes legítimos,
democráticamente elegidos, que pongan todos los medios a su alcance
para garantizar los derechos humanos de todas las personas.
La paz es posible, si somos capaces de solidarizarnos con las víctimas
y exigimos que todas ellas reciban la ayuda que merecen y necesitan.
La paz es posible, si liberamos a la política de la trampa de la
violencia y permitimos la libre confrontación de todas las ideas
sin la amenaza ni el apoyo de las armas.
La paz y la reconciliación son posibles, si ponemos nuestro empeño
en superar los abismos de incomunicación que nos separan mediante
la fuerza de la tolerancia, del diálogo y del respeto por el otro.
La paz es una tarea, un reto histórico que se nos plantea a los
vascos y vascas de finales del siglo XX. Nadie puede asumir esta obligación
en nuestro lugar. De nosotros y nosotras depende que seamos capaces de
construir un futuro pacífico y reconciliado.
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