Llamada
a la unidad a los partidos políticos sobre principios éticos
y políticos básicos ante el problema de la violencia
(mayo, 2002)
Después de realizar una serie de contactos con los partidos que rechazan
la violencia, partidos tanto de la Comunidad Autónoma Vasca como
de la Comunidad Foral Navarra, la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal
Herria presenta el documento, Llamada a la unidad a los partidos políticos
sobre principios éticos y políticos básicos ante el
problema de la violencia.
Las
razones que nos han impulsado a preparar este documento nacen de un diagnóstico
de la presente coyuntura social y política, y de su previsible evolución
futura, en la que percibimos síntomas enormemente preocupantes, así
como del reconocimiento de que los partidos políticos son unos de
los agentes fundamentales a la hora de trabajar por una mejora sustancial
de la situación en que vive nuestra sociedad.
La persistencia de la violencia terrorista, en términos de atentados
y de violencia de persecución - violencia que mantiene bajo gravísimas
amenazas la vida y la libertad de colectivos amplios de la ciudadanía
- y, en otro nivel ético totalmente diferente, la escenificación
habitual de un desencuentro profundo entre quienes dirigen los partidos
políticos nacionalistas vascos y aquéllos que dirigen los
denominados constitucionalistas, constituyen un binomio que impide abordar,
con ciertas garantías de éxito, medidas que, aunque no consigan
garantizar del todo la seguridad de las personas amenazadas, permitan, al
menos, minimizar el impacto de esa violencia sobre sus víctimas directas
y, por extensión, en toda la sociedad.
En este sentido, conviene no olvidar que en la libertad amenazada de nuestros
concejales, jueces, policías, periodistas, profesores, etc. está
en juego nuestra propia libertad como sociedad y la viabilidad de nuestra
convivencia democrática.
Además, entrando ya en los contenidos del documento presentado a
todas las fuerzas políticas que rechazan la violencia, creemos necesario
reivindicar la noble tarea de quienes deciden servir a la comunidad ejerciendo
la representación política de la ciudadanía. Hoy nos
parece especialmente necesario reconocer de una manera muy especial a aquellas
personas que realizan esta labor con grave peligro para su integridad y
la de sus allegados. Nunca nos cansaremos de agradecerles la valentía
y la defensa de la libertad y de los valores democráticos que, con
su talante y compromiso, vienen realizando en medio de esta sociedad.
Como contenido central de nuestra reflexión aportada a los
partidos políticos, establecemos el principio de que es urgente
un cambio de rumbo sustancial en las relaciones entre ellos. Sobran
propuestas unilaterales y se echan en falta aquellas otras de carácter
transversal que, subrayando lo fundamental compartido, la defensa de los
derechos humanos y la democracia, hacen, además, justicia a la realidad
de una sociedad plural y que anhela vivir en paz. Así, frente a la
violencia excluyente y totalitaria resulta urgente la recuperación
o la construcción de nuevos consensos, no sólo de carácter
ético, asociados a la defensa de los derechos humanos fundamentales,
sino también de consensos de carácter político,
aunque prepartidistas. Estamos convencidos/as de que esa unidad en unos
principios éticos y políticos básicos resulta ingrediente
imprescindible:
-
Para enfrentarse con las pretensiones intolerables de ETA y de su entorno.
- Para establecer con absoluta claridad que la violencia no puede recibir
ninguna legitimidad o compensación política.
- Para disminuir el riesgo de fractura social.
- Para visibilizar la solidaridad de las diversas tradiciones políticas
y de las instituciones para con las víctimas y
- Para que se pueda retomar la senda del diálogo constructivo entre
los partidos democráticos.
No
nos parece suficiente con realizar apelaciones a la unidad, también
deseamos aportar nuestras reflexiones y propuestas para que puedan ayudar
a construir esa unidad que reclamamos. Así, nos parece necesario
reivindicar el actual marco jurídico político, su legitimidad
y sus virtualidades. Ellas han permitido avances muy importantes en el desarrollo
de nuestra sociedad. Pero eso no significa defender su intangibilidad. En
el futuro cabe pensar en que este marco evolucione, pero en ese camino nos
parece irrenunciable el principio fundamental que, sintéticamente,
expresamos con la siguiente
frase "Fuera de la democracia nada debe ser posible. Dentro de la
democracia todo puede llegar a ser posible."
-
FUERA DE LA DEMOCRACIA NADA DEBE SER POSIBLE. Porque las ideas o
proyectos políticos no resultan aceptables si no respetan los derechos
humanos fundamentales, comenzando por el de la vida, o no utilizan procedimientos
democráticos para su defensa y promoción.
- DENTRO DE LA DEMOCRACIA TODO PUEDE LLEGAR A SER POSIBLE. Porque
cuando se utilizan procedimientos democráticos y se respetan los
derechos humanos, cualquier idea o proyecto que cumpla con
estas condiciones puede ser defendido y aspirar a recabar el máximo
apoyo social.
Somos conscientes de que, a la hora de establecer prioridades, salvaguardar
el derecho a la vida y a la libertad de las personas que los tienen gravemente
amenazados es una cuestión urgente y que demanda la puesta al servicio
de su defensa de cuantos recursos sea posible, dentro del más exquisito
respeto al Estado de derecho.
No obstante lo cual, la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria,
considera muy necesario para la sociedad que
- Todos los partidos políticos acepten que no favorecen a la estrategia
de la violencia terrorista, ni quienes realizan propuestas autodeterministas
mediante procedimientos democráticos y pacíficos, ni quienes
defienden los actuales marcos políticos como los más adecuados
para regir la convivencia. Así, por ejemplo, resulta muy necesario
que se realice el esfuerzo de mostrar que el país que se construye
pacífica y democráticamente, no puede ser nunca el mismo que
el que pretende alcanzar ETA con su estrategia violenta. Las diferencias
no se sitúan sólo en los métodos, también los
fines perseguidos deben diferir sustancialmente entre quien defiende un
futuro construido en paz y por procedimientos democráticos y quienes
siguen amenazando y asesinando.
- Todos los partidos políticos renuncien a dotar de un plus de
legitimidad o de eficacia a sus propios proyectos políticos, con
respecto a la violencia. Pretender que más soberanía o
más firmeza en la defensa del actual "statu quo", traerán
la paz, es conceder a la violencia la capacidad de distorsionar y condicionar
el debate político. La defensa de los diferentes proyectos políticos
debería basarse en el convencimiento argumentado de que son los más
adecuados para esta sociedad y su actual riqueza identitaria.
- Todos los partidos acepten que es tan legitimo analizar la realidad
política vasca con el convencimiento de que en ella existe un
conflicto especial, como defender que la sociedad vasca presenta el mismo
tipo de conflictos que otras sociedades en las que no ha surgido el fenómeno
de la violencia terrorista. Aunque en ningún caso se pueda ni se
deba explicar o justificar el recurso a la violencia.
- Todos los partidos políticos nunca olviden quien es el responsable
del ejercicio de la violencia. El final de ésta llegará
cuando quienes persistan en su ejercicio desistan. No por ello debemos renunciar
a llevar a cabo cuantas iniciativas contribuyan a minimizar su impacto en
la sociedad, articular las medidas policiales y judiciales necesarias dentro
del estricto Estado de derecho, extender una cultura de la paz, deslegitimar
el uso de la violencia y construir los consensos sociales y políticos
que anulen la intolerancia terrorista.
La Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria quiere, junto a estas
reflexiones y propuestas, ofertar su colaboración a la sociedad en
general, como ya lo ha realizado a los partidos políticos en particular,
para avanzar hacia la paz y la normalización de nuestra convivencia.
Sólo desde esta unidad democrática, basada en la defensa de
los derechos humanos y de los procedimientos democráticos, se puede
construir un escenario de colaboración entre las diversas fuerzas
políticas y sociales que olvide talantes excluyentes y propuestas
unilaterales en asuntos en los que esta sociedad se juega su futuro. Y,
sólo desde esta unidad democrática, se pueden recuperar responsablemente
los consensos básicos que, partiendo de la común e irrenunciable
dignidad humana, alcancen propuestas plurales y diversas con las que ir
construyendo el futuro de nuestra sociedad. De este proceso no debe excluirse
a nadie. Únicamente, se mantendrán autoexcluidos quienes niegan
teórica o prácticamente esa dignidad humana fundamental, generando
dolor y sufrimiento con su totalitarismo violento.

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