La
Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria ante el debate sobre nuestro
futuro político
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Preámbulo
En nuestra sociedad, la cuestión de la autodeterminación (o del ámbito vasco de decisión, la soberanía, el soberanismo, etc.) suele abordarse exclusivamente en clave política, y es objeto de un enconado enfrentamiento entre los distintos partidos. Cada intervención pública se convierte en una línea trazada en el suelo que obliga a posicionarse a favor o en contra. Probablemente sea la cuestión que más divide y enfrenta a los partidos vascos y navarros, hasta el punto de parecer que no cabe compartir un mínimo terreno común, definido desde claves éticas y democráticas.
Desde Gesto por la Paz pensamos que tal terreno existe. No podemos creer que tal cosa sea imposible. Y no lo es porque, de hecho, no hay democracia sin la existencia de postulados ético-políticos compartidos. Precisamente, si la convivencia es posible en las complejas sociedades modernas es porque existe un territorio básico, anterior a nuestras legítimas diferencias políticas, sobre el que asentar procedimientos para plantear y resolver tales diferencias.
¿Cuál puede ser ese terreno compartido? ¿Cuáles sus características definitorias? Por definición, la construcción de ese terreno común es una empresa colectiva, nunca totalmente terminada. Desde una óptica dinámica, es necesario redefinir "lo posible" como obra colectiva, no como perspectiva unilateral de cada actor.
Como ciudadanos que somos, conocedores de la complejidad de las cuestiones en juego y de la pluralidad de posicionamientos políticos al respecto, confiamos en la posibilidad de establecer un terreno firme a partir del cual quien lo desee pueda plantear y desarrollar democráticamente su legítimo proyecto político. Es más, en el seno de la propia Coordinadora hemos experimentado en la práctica las dificultades, pero también las posibilidades, de abordar dicha cuestión desde el respeto a las ideas y, sobre todo, a las personas. A lo largo de más de cuatro años, hemos escrito, reflexionado, discutido y acordado, hasta llegar a definir un marco de juego compartido. Esto es lo que ahora ofrecemos.
No pretendemos lanzar un manifiesto a la búsqueda de adhesiones; no queremos presentar un documento que configure un nuevo espacio o un nuevo foro. Se trata tan sólo del resultado de un largo debate interno. No sabemos si dice algo nuevo o sí lo que dice es o no importante. Sólo sabemos que a quienes participamos de Gesto por la Paz nos ha servido para aclararnos, para conocernos y para fortalecer nuestro acuerdo. Nos gustaría pensar que también a otros pueda serles de utilidad.
En todo caso, siempre ha estado absolutamente claro que la posible intervención de Gesto por la Paz en este tema habría de realizarse en el estricto marco de la defensa de principios éticos y democráticos fundamentales, y no en el de la propuesta política en sentido estricto.
No nos corresponde decir nada sobre la forma concreta en que debería resolverse esta cuestión. Sólo pretendemos recordar y, en su caso, aportar, algunos principios básicos para hacerlo.
1. Desdramatizar el debate
Hay quienes plantean la autodeterminación como si de una cuestión de vida o muerte se tratara. Para algunos, su efectivo reconocimiento sería de tal importancia que haría palidecer cualquiera de los logros culturales, sociales, políticos o económicos alcanzados por nuestra sociedad. Para otros, tal reconocimiento no haría sino abrir la puerta a todas las calamidades imaginables.
Se trata de un debate que tiene mucho de sobre-actuación, de recurso y acento dramático para la controversia entre los partidos políticos. No está claro cuánto hay en el debate de voluntad efectiva de acción política y cuánto de simple teatralidad partidaria.
Por ello, es fundamental que el debate se plantee a partir de documentos, a partir de propuestas políticas que los partidos impulsores estén dispuestos a transformar en programas de actuación. Y es así mismo fundamental asumir que, mientras dichas propuestas no cuenten con la adhesión social mayoritaria, no serán otra cosa que propuestas.
No basta con declaraciones, la responsabilidad exige compromisos y propuestas prácticas, disposición a someterlas a la valoración ciudadana y a discutirlas con plena libertad. La responsabilidad implica aceptar el carácter procesual de la historia humana y adoptar una actitud pedagógica, respetuosa con las personas.
En definitiva, es preciso convertir las propias ideas en instrumentos para la acción política y democrática, no en fines concebidos ni planteados al margen de la democracia y la política.
2. Racionalizar la cuestión
Hay quienes se aproximan al debate desde una perspectiva ahistórica, esencialista, que desconoce e incluso rechaza la realidad social y política de nuestras sociedades.
Pero el País Vasco y Navarra se han ido configurando como sociedades plurales, cultural y políticamente. El reconocimiento y la aceptación de esta realidad plural no es un hecho al que desgraciadamente debamos someternos sino una incalculable oportunidad de enriquecimiento humano que nos invita a conformar una sociedad de ciudadanos/as bilingües.
En esta situación, no es ético ni políticamente razonable políticamente cuestionar y mucho menos sacrificar los consensos reales a los que han ido llegando las sociedades vasca y navarra a lo largo de los años en aras de un supuesto consenso ideal.
Por eso, la asunción del marco autonómico, estatutario y foral, como punto de encuentro, vía fundamental de normalización política, y el compromiso leal con su pleno desarrollo, debe ser el punto de partida (si bien no tiene por qué ser el punto de llegada) de cualquier propuesta de futuro.
3. Democratizar el debate
En el fondo, el gran problema que se plantea en relación al derecho de autodeterminación es una cuestión de perspectiva: ¿desde qué perspectiva nos aproximamos al tema? ¿desde un imaginario esencialista-no democrático o desde un imaginario constructivista-democrático? Ambas perspectivas aparecen, entremezcladas, en todas las posiciones políticas, sean nacionalistas o no.
Es fundamental proceder a la racionalización y democratización del debate sobre el futuro político de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de la Comunidad Foral de Navarra, para aceptar explícitamente la legitimidad de cualquier proyecto de futuro, expresado y defendido democráticamente: mantenimiento de dos comunidades autónomas o integración en una sola; profundización en el estado autonómico, federación, independencia o cualquiera otro.
Es fundamental relativizar todo orden político o jurídico, válido sólo en la medida en que responda a las exigencias mayoritarias en un momento dado. Así mismo, es fundamental reafirmar la voluntad mayoritaria de la sociedad, democráticamente expresada, como la única fuerza capaz de construir futuro.
Democratizar el debate significa concebir el derecho a plantear procesos de autodeterminación no como derecho colectivo, sino, por ejemplo, como un derecho individual expresado colectivamente. Desde Gesto por la Paz creemos que esta formulación permite salir de la confusa madeja en la que nos enreda la referencia a derechos colectivos cuya existencia está sometida a un profundo debate teórico; y, sobre todo, evita el riesgo de caer en la confrontación entre derechos colectivos y derechos individuales.
Con otras palabras: creemos que para plantear el debate sobre el futuro político del País Vasco y de Navarra no sólo no es necesario sino que resulta contraproducente recurrir a la caracterización de la autodeterminación como derecho colectivo.
Pero, a quienes ni siquiera conciben su caracterización como derecho individual, habría que recordarles que, en cualquier caso, la autodeterminación es una reivindicación política legítima que debe contar con cauces suficientes para su realización en el caso de suscitar la adhesión social democráticamente suficiente.
4. Desvincular violencia y política
Como hemos denunciado en tantas ocasiones, todas las estrategias y propuestas de normalización y pacificación han venido vinculando violencia y política.
En unos casos al afirmar que la violencia estaría legitimada por la supuesta ausencia de determinadas condiciones políticas; en otros, al propugnar que determinadas transformaciones políticas serían la llave para acabar con la violencia; en otros, por fin, al negar toda posibilidad de cambios políticos mientras persista la violencia, aún como amenaza latente.
El futuro político de las Comunidades Autónomas de Euskadi y Navarra no debe vincularse a la superación de la violencia, ni para bloquear el debate ("mientras haya violencia no se puede hablar del tema") ni para instrumentalizarlo ("hay que avanzar en la autodeterminación para acabar con la violencia").
Por el contrario, hay que plantear, honestamente, el debate sobre ese futuro político desde las necesidades e intereses estrictamente ciudadanos, expresados democráticamente. Ponerlo al servicio de estas necesidades, y no supeditarlo a los avatares o influjos de la violencia.
Y conviene tener siempre presente que el carácter democrático de una propuesta depende no sólo de que pueda ser mayoritariamente respaldada, sino, en primer lugar, de que se defienda democráticamente.
5. Combinar autodeterminación y solidaridad
La cuestión de la autodeterminación suele abordarse en clave exclusivamente política, sin atender a otras importantes dimensiones de la vida social.
Incluso cuando tales dimensiones son tomadas en consideración, la óptica del análisis es en exceso egoísta, centrada en los problemas y necesidades locales, sin tomar en consideración las consecuencias que nuestras decisiones pueden tener sobre otras personas o colectividades. Ninguna propuesta sobre el futuro político de Euskadi y de Navarra debería contemplarse como si nuestra colectividad fuese lo único que ha de tenerse en cuenta.
Desde hace siglos vivimos en estrecha y fecunda relación con otras sociedades, tanto en el ámbito de España como en el escenario internacional.
Un planteamiento de autodeterminación que no incluyera esta clave, que no fuera sensible a los efectos de las decisiones que adopte la sociedad vasco-navarra sobre el resto de sociedades, pecaría de insolidario e injusto.
Igualmente, nos parece importante subrayar que también la clave de la solidaridad interna debe estar presente. Nuestra sociedad, como el conjunto de las sociedades de capitalismo avanzado, sigue siendo una sociedad desigual. Este hecho no debería ser ajeno a las propuestas de autodeterminación.
6. Asumir la complejidad
Vivimos una época caracterizada por la globalización. Para la mayoría de los investigadores, esta nueva dimensión implica que la tesis de los espacios cerrados es ahora ficticia. Ello quiere decir que no es posible la autarquía. Pero significa, también, que los espacios humanos no se reducen a marcos jurídico-políticos. Nuestros ámbitos vitales se desarrollan en espacios distintos, relacionados pero no coincidentes: espacios culturales, políticos, ecológicos, económicos, mediáticos...
Toda esta complejidad se contrapone a las presentaciones simplistas del debate sobre la autodeterminación. Incorporar la nueva dimensión de globalidad obliga a una profunda modificación de nuestras actitudes mentales, nuestras ideas políticas y nuestras visiones de futuro.
7. La propuesta de Gesto por la Paz
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente dicho, la propuesta de Gesto por la Paz se centra en la afirmación de una serie de principios básicos, cuya asunción nos gustaría que fuera general:
· Desvincular definitivamente el debate sobre el presente y futuro de Euskadi y de Navarra de la evolución de la violencia. Abordar esta cuestión atendiendo tan sólo a los intereses expresados por la ciudadanía a través de cualquiera de las vías e instituciones de que dispone en una sociedad democrática.
· Reconocer y aceptar el pluralismo cultural y político de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de la Comunidad Foral de Navarra, renunciando a cualquier lectura esencialista de la realidad y apostando por una sociedad futura de ciudadanos/as bilingües.
· Asumir explícitamente una definición democrática de ciudadanía, despojada de criterios excluyentes.
· Reconocer y aceptar como necesario punto de partida, si bien no tiene por qué ser el punto de llegada, los consensos reales logrados por las sociedades vasca y navarra, especialmente el Estatuto de Gernika y el Amejoramiento del Fuero.
· Racionalizar y buscar consensos democráticos para el debate sobre el futuro político de las comunidades autónomas de Euskadi y de Navarra, aceptando explícitamente la legitimidad de cualquier proyecto de futuro expresado y defendido democráticamente por sectores de sus respectivas poblaciones.
· Plantear el derecho a desarrollar procesos de autodeterminación en clave integradora como un “derecho individual expresado colectivamente”, haciéndolo así compatible con la más genuina tradición democrática.
· Renunciar explícitamente a todo recurso que pretenda limitar antidemocráticamente esa posibilidad, en especial el recurso a la fuerza contra decisiones adoptadas democráticamente, y habilitar los cauces necesarios para que la expresión democrática de la voluntad mayoritaria pueda incorporarse al ordenamiento jurídico.
· Afirmar inequívocamente la prevalencia de los derechos humanos fundamentales, especialmente la del derecho a la vida, sin cuyo reconocimiento práctico ningún proyecto político merece el calificativo de humano.
Noviembre de 1998
Coordinadora
GESTO POR LA PAZ de Euskal Herria
Euskal
Herriko Bakearen Aldeko Koordinakundea

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